26.8.12

Ted Hughes - Los novios se ocultan por tres días




Los novios se ocultan por tres días

Ella le encuentra los ojos y se los da
Estaban entre unos escombros, entre unas cucarachas

La piel de ella él parece sacarla del aire, bajarla
y ponérsela sobre los hombros
Ella llora de miedo y sorpresa

Encontró sus manos por él y se las colocó a la altura de las muñecas
Las manos están impresionadas consigo mismas y recorren su cuerpo y sienten

Él reunió su espina dorsal, limpió cada pieza delicadamente
Y las puso en perfecto orden
Un rompecabezas superhumano pero está inspirado
Ella se recuesta girando de un lado al otro, probando y riéndose
Incrédula

Ahora ella trajo sus pies, los está conectando
De modo que todo el cuerpo de él se enciende

Con las manos él centró sus nuevas caderas
Con todas las piecitas completas y con nuevas bobinas, todo aceitado y brillando
Está puliendo cada parte, apenas si él mismo puede creerlo

Se siguen llevando uno al otro hacia el sol, ven que pueden hacerlo fácilmente
Y probar cada cosa nueva a cada nuevo paso

Y ahora ella pone encima suavemente las placas de su cráneo
De modo que las junturas sean invisibles

Y ahora él conecta su garganta, sus pechos y la boca del estómago
Con un solo cable

Ella le da sus dientes, atándolos a las raíces del eje de su cuerpo

Él deja listos los diminutos anillos en la yema de sus dedos

Ella cose su cuerpo acá y allá con una dura seda violeta

Él aceita los delicados dientes de su boca

Ella incrusta con rollos bien cortados su nuca

Él baja a su lugar la parte interna de sus muslos

Así, jadeando de alegría, con gritos de asombro
Como dos dioses de barro
Tumbados en la tierra pero con un cuidado infinito
Cada uno lleva al otro a la perfección.



Versión de Tom Maver


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Bride and Groom Lie Hidden for Three Days

She gives him his eyes, she found them
Among some rubble, among some beetles

He gives her her skin
He just seemed to pull it down out of the air and lay it over her
She weeps with fearfulness and astonishment

She has found his hands for him, and fitted them freshly at the wrists
They are amazed at themselves, they go feeling all over her

He has assembled her spine, he cleaned each piece carefully
And sets them in perfect order
A superhuman puzzle but he is inspired
She leans back twisting this way and that, using it and laughing
Incredulous

Now she has brought his feet, she is connecting them
So that his whole body lights up

And he has fashioned her new hips
With all fittings complete and with newly wound coils, all shiningly oiled
He is polishing every part, he himself can hardly believe it

They keep taking each other to the sun, they find they can easily
To test each new thing at each new step

And now she smoothes over him the plates of his skull
So that the joints are invisible

And now he connects her throat, her breasts and the pit of her stomach
With a single wire

She gives him his teeth, tying the roots to the centrepin of his body

He sets the little circlets on her fingertips

She stiches his body here and there with steely purple silk

He oils the delicate cogs of her mouth

She inlays with deep cut scrolls the nape of his neck

He sinks into place the inside of her thighs

So, gasping with joy, with cries of wonderment
Like two gods of mud
Sprawling in the dirt, but with infinite care
They bring each other to perfection.


Ted Hughes, Three Books (Reamains of Elmet; Cave Birds; River), Faber and Faber, London, 1993.


21.8.12

Li-Young Lee - La hora y lo que está muerto




LA HORA Y LO QUE ESTÁ MUERTO      

Esta noche mi hermano camina con las botas pesadas
a través de cuartos vacíos encima de mi cabeza,
abriendo y cerrando puertas.
¿Qué podría estar buscando en una casa vacía?
¿Qué podría necesitar allá en el cielo?
¿Recuerda su tierra, su lugar de nacimiento iluminado por velas?
Su amor por mí se siente como agua volcada
regresando a la vasija.

A esta hora, lo que está muerto se inquieta
y lo que vive arde.

Que alguien le diga que debería irse a dormir ya.

Mi padre deja una luz prendida al lado de nuestra cama
y nos prepara para nuestro viaje.
Cose diez agujeros en las rodillas
de cinco pares de pantalones para chicos.
Su amor por mí es como una costura:
varios colores y demasiado hilo,
las puntadas irregulares. Pero la aguja atraviesa
limpiamente a cada golpe de su mano.

A esta hora, lo que está muerto está intranquilo
y lo que vive es fugitivo.

Que alguien le diga que debería irse a dormir ya.

Dios, esa vieja caldera, sigue hablando
con su boca de dientes,
la barba manchada por los festines y su aliento
a nafta, aviones, a ceniza humana.
Su amor por mí se siente como un fuego,
se siente como palomas, se siente como agua de río.

A esta hora, lo que está muerto está desamparado, amable
y desamparado. Mientras el Señor viva.

Que alguien le diga al Señor que me deje en paz.
Ya tuve suficiente de su amor
que se siente como un ardor y un vuelo y escaparse.




Nota del T.: Leo este poema y recuerdo algo que ocurrió varios años atrás. Fue cuando mi abuela estaba viviendo en casa mientras se recuperaba de una fractura de cadera. Durante esos meses, antes de irme al colegio, sin importar el sueño que tuviera, me detenía unos segundos para verla dormir con la boca entreabierta, un brazo apoyado sobre el otro que sobresalía de la cama, la palma de la mano abierta como si acabara de soltar algo delicadamente.

Una tarde, entonces, volví a casa y le propuse leerle algún cuento para pasar el rato. Giró la cabeza, me miró desde una edad muy lejana y me dijo: "Claro, m'hijo, sí, a ver", mientras me acariciaba la cabeza, distraída, lentamente. Siento que la estoy viendo: la cara huesuda y su piel suavísima, el pelo revuelto por la almohada, chica como yo en mi cama, y cansada, cansada. Entonces empecé a leerle un cuento de Isaac Asimov, aunque no sé si se lo leí entero. El cuento en cuestión era "Anochecer": trata de un planeta en el que por primera vez en milenios, los astros van a alinearse de manera tal que ninguno de los tres soles que lo orbitan lo ilumine. Por milenios y milenios, siempre uno de los soles, aunque fuera con una luz oblicua e irreal, daba con este planeta. Miro a mi abuela un segundo y pienso que entorno a la oscuridad, en aquel planeta, sólo hay mitos, no saben lo que es que la noche llegue.

A lo mejor la idea para estas notas me la dio mi abuela aquella vez cuando terminé de leerle el cuento. Estaba con la mirada fija en el cielorraso, perdida en lo que oía, tomando con sus manos las frazadas, tapándose y destapándose. Entonces le pregunté qué le había parecido y me dijo algo muy vago. Y, como una profesora mala, le insistí y le dije que me contara de qué se trataba el cuento (no puedo dejar de sentir algo de vergüenza al recordar esto). Clavando sus ojos nuevamente  en el cielorraso y pasándose cada tanto un pañuelo por la comisura de la boca, habló de embarcaciones inmensas, habló de una tormenta, que creía que había una tormenta pero que no estaba segura y de dos hombres, de eso sí se acordaba, que no se los veía bien por los camperones impermeables, que trataban de hablarse a los gritos sin entenderse demasiado, se hacían señas, indicaciones, el ruido debía ser imposible, y luego me dijo que se veía a la embarcación hacerse más chica y más chica en medio de la tormenta, o del silencio, o de la niebla.

Algo del desvío de las lecturas, de oír un poco lo que uno quiere, de conectar cosas muy separadas, está de fondo en estas notas.



Nota y versión: Tom Maver


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THE HOUR AND WHAT IS DEAD

Tonight my brother, in heavy boots, is walking
through bare rooms over my head,
opening and closing doors.
What could he be looking for in an empty house?
What could he possibly need there in heaven?
Does he remember his earth, his birthplace set to torches?
His love for me feels like spilled water
running back to its vessel.

At this hour, what is dead is restless
and what is living is burning.

Someone tell him he should sleep now.

My father keeps a light on by our bed
and readies for our journey.
He mends ten holes in the knees
of five pairs of boy's pants.
His love for me is like sewing:
various colors and too much thread,
the stitching uneven. But the needle pierces
clean through with each stroke of his hand.

At this hour, what is dead is worried
and what is living is fugitive.

Someone tell him he should sleep now.

God, that old furnace, keeps talking
with his mouth of teeth,
a beard stained at feasts, and his breath
of gasoline, airplane, human ash.
His love for me feels like fire,
feels like doves, feels like river-water.

At this hour, what is dead is helpless, kind
and helpless. While the Lord lives.

Someone tell the Lord to leave me alone.
I've had enough of his love
that feels like burning and flight and running away.

11.8.12

La obsesión de Natalia Litvinova: Esenin




Hoy, por primera vez para este blog, Natalia Litvinova traduce un poema de Esenin y abre su propia infancia en una nota de la traductora.




AL PERRO DE KACHALOV

Dame tu pata, Jim, para la suerte,
una pata así no había visto antes.
Ladremos juntos bajo la luna
en este día tan silencioso y tranquilo.
Dame tu pata, Jim, para la suerte.

Por favor, querido, no te lamas.
Entendamos juntos esto que es simple.
Vos no sabés lo que es la vida,
no sabés lo que cuesta vivir en este mundo.

Tu dueño es amable y famoso,
suele recibir muchos invitados,
y todos, sonriendo, quieren
tocar tu piel de terciopelo.

Tu belleza perruna es irresistible,
tan confiable, amistoso, agradable
y sin preguntarle nada a nadie,
besás a todos, como un amigo borracho.

Mi querido Jim, entre esas visitas
hubo invitados de todo tipo.
¿Pero aquélla, la más callada y triste,
por casualidad no pasó por acá?

Ella vendrá, te lo prometo.
Y si no estoy cuando suceda,
lamele por mí su mano tierna
por todo lo que fui y no culpable.



N. de la T.

Mi obsesión por Sergei Esénin comenzó a los 7 años: en el colegio nos pidieron memorizar un poema para después recitarlo en frente de toda la clase. Para esa época, la entonación, la poesía, la buena pronunciación y la belleza de la caligrafía, eran aspectos de suma importancia. Yo elegí un poema de Esénin,  no lo conocía, pero lo vi en una foto, la melancolía alegre de sus ojos, la vastedad del campo en él.

Mi madre y yo nos sentamos en el sillón, recuerdo todo perfectamente, y ella comenzó a leerlo con delicadeza y amor. Vi amor en sus gestos e intuí que la poesía no era una acumulación de palabras sino un organismo vivo.

Debo aprovechar esta oportunidad entonces para confesar que la primera vez que me enamoré fue de un poeta que ya  había muerto, así como la pequeña Marina Tsvetáieva se enamoró de Pushkin. Después descubrí que mi amado fue el poeta de la aldea, que su valentía era tan grande que no cabía en su único cuerpo y que su ansiedad por vivir no respetaba las fronteras de la vida.

Vuelvo al sillón que ya no existe. Mis ojos juegan a revivir las escenas de los cuadros que decoran las paredes de la sala, mientras  mi boca musita un poema en ruso que años más tarde repetirá en español.



Versión y nota: Natalia Litvinova



СОБАКЕ КАЧАЛОВА

Дай, Джим, на счастье лапу мне,
Такую лапу не видал я сроду.
Давай с тобой полаем при луне
На тихую, бесшумную погоду.
Дай, Джим, на счастье лапу мне.

Пожалуйста, голубчик, не лижись.
Пойми со мной хоть самое простое.
Ведь ты не знаешь, что такое жизнь,
Не знаешь ты, что жить на свете стоит.

Хозяин твой и мил и знаменит,
И у него гостей бывает в доме много,
И каждый, улыбаясь, норовит
Тебя по шерсти бархатной потрогать.

Ты по-собачьи дьявольски красив,
С такою милою доверчивой приятцей.
И, никого ни капли не спросив,
Как пьяный друг, ты лезешь целоваться.

Мой милый Джим, среди твоих гостей
Так много всяких и невсяких было.
Но та, что всех безмолвней и грустней,
Сюда случайно вдруг не заходила?

Она придет, даю тебе поруку.
И без меня, в ее уставясь взгляд,
Ты за меня лизни ей нежно руку
За все, в чем был и не был виноват.




5.8.12

Alan Grinkraut - La nada tan vital







La Nada Tan Vital

Se dijeron buena suerte
Solo el tiempo puede hilar
Uno siempre llama muerte
A la vida sin disfraz
Uno siempre llama suerte
Al silencio en la ciudad

Dijo espero recordarte
Nada tiene esto de mal
Ojos nulos, ojos puente
Ojos plena vanidad
Uno siempre llama urgentes
A los gritos de altamar

Se buscaron sin pensarse
Se pensaron sin hablar
Y juntaron los instantes
Sin poder casi llorar

Se tocaron hasta hartarse
Cada parte en soledad
Postergaron las señales
Del calor de la ciudad

No es buen puerto compañero
Ese el de la soledad
Uno siempre espera siempre
Dejar solo de esperar,
Y una lluvia permanente
Tiñe toda irrealidad

Esta historia no es reciente
Llevan siglos sin hablar
Y caminan por las calles
Como si algo va a pasar

Pero siguen, siguen muertos
Digo, vivos sin verdad
Y se encuentran en los puertos
De la nada tan vital.




Nota del T.: Mis amigos tienen sueño. Al llegar al aula nos miramos desde un fondo lagañoso, nos hacemos una seña mínima de reconocimiento y caemos pesadamente en los bancos. Tenemos alrededor de quince años y nos rodean las paredes grises de la secundaria a donde caímos como paracaidistas en un país remoto a explorar. El clima opresivo de ese lugar nos predispone para otra cosa. Fabio hace un comentario en el recreo acerca de "Hable con ella", la película de Almodóvar; Lautaro me pasa la discografía de Spinetta que consiguió en parque Rivadavia; Federico abre su campera y saca de ella un disco y me dice, escuchá esto: Emerson Lake & Palmer; Irene, la profesora de literatura deja sobre mi banco, sin decirme nada, un libro: "Consolaciones de la filosofía", un día después de verme entrecerrar los ojos frente a "Así habló Zarathustra"; Leo me pasa "Todos los fuegos el fuego" con un leve temblor en los párpados; a la salida alguien me pregunta si escuché algo de Coltrane, de Brahms. Una vez en su casa Geri me confiesa que no está muy seguro de haber entendido lo que leímos de Pizarnik. Los ojos jóvenes de mis amigos brillan como si tuvieran hambre, un vacío que llenar en muy poco tiempo. Y en ese poco tiempo y entre mis amigos, está Alan, componiendo sus canciones.

Siempre creí que fueron ellos, mis amigos de la secundaria, quienes hicieron que yo siguiera este camino de libros y música. Lo absorbíamos todo, lo comentábamos todo, les faltamos el respeto a los grandes, fuimos insolentes y a cada semana descubríamos algo nuevo que nos cambiaba la manera de ver las cosas: Herbie Hancock, Faulkner, el Polaco Goyeneche, Alturas de Machu Picchu, Weather Report y lo último de La Bersuit. Era ese mundo anterior a las librerías y a las disquerías, era rebuscar lo que uno tenía en su casa, lo que de alguna manera iba encontrando por ahí. Uno primero iba conociendo lo que el otro traía. Había un afán por conocer y dar a conocer. Y en eso aparecía Alan con la guitarra y decía: les quiero hacer conocer un tema que hice el otro día. Y nos callábamos y poníamos, supongo, la misma cara que al leer la prosa de Cortázar: abríamos mucho los ojos, nos ensimismábamos y después nos volvíamos a mirar otra vez en este mundo.

Ahora me doy cuenta de es la primera vez que leo la letra del tema. Que todas las veces que la escuché, me la cantó Alan y ahora, leyendo esta trascripción, la noto enrarecida sin la melodía, me cuesta más leerla, un poco como si quisiera imaginar mi adolescencia sin la presencia de estos chicos, de estas lecturas.

Admirar a un amigo, a alguien que está tan cerca de uno, no es algo que le pase a mucha gente, supongo. Y menos: que lo que hace un amigo que conocemos hace años nos conmueva. Recuerdo de pronto una reflexión que aparece en Abaddón el Exterminador, la novela de Sabato –uno de esos autores típicos que se leen en la secundaria-: “Pero ese amigo o conocido –qué palabra más falaz!- está demasiado cerca para juzgarte, se siente inclinado a pensar que porque comés como él es tu igual”, se lee en la novela. Pero lo que yo aprendí es justamente eso: que siempre están cerca, dando vueltas por ahí, son amigos nuestros, amigos de amigos, parientes de alguien, hacen lo mismo que todos, trabajan de algo que no les gusta, que necesitan comer y hacer lo suyo, hacer, hacer. Invisibles a su manera y vistosos de otra manera. Alienados y únicos. Sufrientes y alegres como ninguno.

Una vez pensé justamente eso mientras estaba caminando por la calle tarareando uno de sus temas: yo sé qué hace Alan, conozco su familia, vi su cuarto, sus cuadernos, sé por cuántas cosas tuvo que pasar para poder hacer un disco, y sin embargo ahí estaba yo, tarareando un tema de alguien que conozco hace años y que de pronto era un desconocido, alguien a quien podía volver a conocer a través de sus canciones. Y pienso: conocerlo tanto y que me pueda sorprender así, es un privilegio para ambos.

Mientras escribo esta nota, no puedo dejar de imaginar que mientras Nancy empezaba a enseñarnos límite y derivadas, Alan estaba tarareando mentalmente la melodía de esta canción, empezando a garabatear en los márgenes de su cuaderno anillado: “No es buen puerto/ ese el de la soledad/Uno siempre espera siempre/ dejar sólo de esperar”.

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