27.11.12

May Sarton - Y será llamada Mujer



“Y será llamada Mujer”
Génesis II, 23

1
Ella ni gritó
ni se movió.
Se quedó quieta
y se apoyó
contra la gran curva
de la tierra,
y su pecho
parecía una fruta
reventada por su propia dulzura.

No se movió
ni gritó –
sólo miró abajo
hacia la mano
sobre su pecho.
Miró abajo
la mano desnuda
y lloró.

No podía aún soportar
que este delicado salvaje
estuviera encima suyo.
No podía aún soportar
que latiera así la sangre.
No podía aguantar
el primer dolor
de la plenitud.

Se quedó quieta
y miró abajo
a la mano
donde la sangre corría encerrada
y deseó soltar la sangre
y dejarla fluir
sobre su pecho
como lluvia.

2
No sobre la tierra
pero seguro en algún sitio
entre los elementos
del aire y el mar
se recostó esa noche,
ningún saliente de hueso que marcara
dónde el cuerpo se agarraba al cuerpo
ni ninguna parte de la carne,
extrañamente impenetrable –
Oh, sin duda ella apareció
en algún sitio
de ese claro espacio
donde el cielo y el agua se tocan
y se vuelven transparentes,
conociendo las olas.

3
Soportó la herida del deseo
que no se cerraba
a pesar de que intentara
quemar su mano
y convertir un dolor
en un dolor más simple –
pero no se cerraba.

No sabía
cuán fuerte
es la voluntad del cuerpo,
cuán intrincadas
los comienzos de su flexibilidad
que ahora quedaban
sin tocar,
como un arco –
se vio a sí misma
perturbada en el centro
y rota.
Y se fue al mar
porque le dolía el corazón
y no había cura.

4
No en la negación, su paz.
Porque en el mar, allá
donde deseó
dejar su cuerpo
como una pequeña prenda,
ahora veía
que no por separarse de eso
la finitud terminaría
ni el átomo moriría
porque lo puramente abstracto
no existe solo.
De esos vastos lugares
ella debe volver
hacia sus partículas.
Debe ponerse de nuevo
la pequeña prenda
del hambre.
No en la negación
su apaciguamiento,
no todavía.

5
Por mucho tiempo
fue de dolor
y debilidad,
y aquella que adoraba
todas las cosas derechas
y los pechos angostos
se recostaba relajada,
como un animal dormido,
sin fuerza.

Por mucho tiempo
la poseyó un estado de conciencia
que aparecía en cada dolor
como si fuera una herida
dentro de ella –
un ratón con su chillido mínimo
que la dejaba
seca y gastada.

El cuerpo irrefutable
parecía
atrapado en una simpatía de hielo
por todo lo vivo –
que ya se había
iniciado.

6
Y luego un día
todos las sensaciones
se deslizaron fuera de su piel
hasta que no quedó conciencia ni de los dedos,
ningún dolor –
y toda ella volvió
a la tierra
como una gravedad abstracta.
No sabía
cómo había podido
cerrar sus párpados separados
ni dónde había aprendido
el gesto de estar dormida,
sin embargo algo en ella dormía
muy profundamente
y algo en ella
descansaba como una piedra
debajo de un vestido doblado –
que no podía saber cuán largo era.

7
Su cuerpo era una ciudad
donde el alma
había estado durmiendo,
y ahora despertaba.
Era conciente
hasta el extremo
de cómo ella misma estaba cargada,
como una fibra eléctrica,
una mano debajo de su pecho
podía escuchar el dínamo.
Una mano sobre su cintura
podía sentir los latidos.
Ella podía sentir los átomos girar,
la miríada expandiéndose
y girando.

Miró su mano –
la red
con su multitud de líneas,
los exquisitos pelitos,
las venas
encontrando su rumbo
hasta las uñas,
las mismas uñas
firmemente agarradas
con media lunas
en su base,
el hueso bien ubicado,
los nudillos y tendones,
y examinó
la misteriosa leyenda
en su palma –
ésta era su mano,
un regalo que alguien le había dado.

Y miró sus senos,
que eran firmes y rellenos,
bien parados
en medio de su pecho,
cada uno una ciudad que era
misteriosamente parte
de otras ciudades.
La tierra misma
dejó de ser intrincada
y más hermosa
que estos dos pechos
sostenidos por sus manos,
pesados en sus manos.

Nada fue nunca
tan maravilloso como esto.

8
Dejó que sus manos
bajaran con suavidad por su piel,
por la curva de sus costillas,
la panza suave
y los muslos delgados.
Dejó que sus manos
se deslizaran hacia abajo
como si sostuvieran un vestido
y ella se lo estuviera probando
por primera vez,
una fina prenda con brillos
que no querría perder:
Así se vistió.

9
Nunca más estaría desnuda
otra vez –
no conocería
esa desnudez
que se estira hasta los bordes
y no encuentra refugio
en la pura y terrorífica
luz del espacio.
El ser finito
que se juntó
y nació
de lo infinito,
era suyo
enteramente.
Por primera vez
supo lo que significaba
estar hecha así,
moldeada bajo esta forma
de pera,
este peso de fruta curva.

10
Había semillas
dentro suyo
que se reventaban a intervalos,
y por un tiempo
volvía
a la pesadez,
y entonces antes del creciente milagro
de la sangre,
el relax,
identificarse otra vez consigo misma,
cada vez más cerca
del corazón de la vida.
“Soy el comienzo,
lo que no termina,
el árbol perfecto”.
Y se recostaría
otra vez como una vez lo hizo
en la gran curva de la tierra,
siendo parte de su giro,
una parte tan diferenciada
del universo como una estrella –
igual de susceptible
y completamente rítmica.









Versión de Tom Maver

10.11.12

En el principio fue la fascinación: Pound y Camerotto




Esta vez, Silvia Camerotto traduce a Ezra Pound y escribe una nota de la traductora.


Aώpia

Permanece en mí como los humores eternos
del inhóspito viento, y no
como las cosas transitorias—
lozanas flores.
Albérgame en la imbatible soledad
de acantilados sin sol
y de aguas grises.
Deja que los dioses hablen de nosotros en voz baja.
En los días por venir,
las oscuras flores del Orco
te recuerden.



El regreso

Mira, ellos regresan; ¡oh, mira los movimientos
imprecisos, y los pies lentos,
la dificultad en el paso y el equilibrio
oscilante!

Mira, ellos regresan, uno a uno,
con temor, semi dormidos;
como si la nieve vacilara
y murmurara en el viento,
               y dando media vuelta;
estos fueron los “alados reverenciales”,
               inviolables.

¡Dioses de aquel zapato alado!
¡Junto a perros de plata,
               olfateando el rastro del aire!

¡Ea! ¡Ea!
               Estos fueron los que raudos acosaron;
estos, los hábiles para el rastro;
ellos, el alma de la sangre.

Aflojad las riendas,
               ¡pálidos hombres de las fustas!



Ezra Pound, Idaho, 1885 – Venecia, 1972
En Des imagistes, an anthology, Albert and Charles Boni, New York, 1914
Versión © Silvia Camerotto



Nota de la Traductora:

¿Por qué Pound? Quizá por la fascinación que me produjo cuando lo leí por primera vez. Porque leerlo es entrar a un espacio inhóspito que nos enfrenta a nuestra ignorancia, pero que nos plenifica a medida que avanzamos en la lectura.
Pound es uno de los pocos poetas que conozco capaces de equilibrar imaginación y realidad, abstrayéndose, poniendo la realidad en la fantasía.
Crea así un mundo al que volvemos una y otra vez en busca de esa violencia, ese crescendo que nos sacude hasta los huesos y hace que nuestro piso tiemble,  y que se llama nobleza, o como dice Wallace Stevens, ficción suprema.



ººººººººººººººº


Aώpia

Be in me as the eternal moods
of the bleak wind, and not
As transient things are—
gaiety of flowers.
Have me in the strong loneliness
of sunless cliffs
And of gray waters.
Let the gods speak softly of us.
In days hereafter,
the shadowy flowers of Orcus
Remember thee.



The return

See, they return; ah, see the tentative
Movements, and the slow feet,        
The trouble in the pace and the uncertain      
Wavering!          

See, they return, one, and by one,            
With fear, as half-awakened;            
As if the snow should hesitate          
And murmur in the wind,  
            and half turn back;
These were the "Wing'd-with-Awe,"        
            inviolable.

Gods of that wingèd shoe!
With them the silver hounds,            
            sniffing the trace of air!        

Haie! Haie!                  
    These were the swift to harry;      
These the keen-scented;    
These were the souls of blood.          

Slow on the leash,
            pallid the leash-men!



 Ezra Pound, Idaho, 1885 – Venecia, 1972
En Des imagistes, an anthology, Albert and Charles Boni, New York, 1914

4.11.12

Wilma Stockenström - Bienvenido, olvido extranjero

(Sudáfrica, 1933)


 .

Bienvenido, olvido extranjero. No tengas
miedo de expandir tu negro vacío a mi alrededor,
la magnificación de la oscuridad por detrás
de mis ojos. La vida que sostuve como un espejo
para recordar una verdad inventada,
precisa en proporción
al tamaño del marco, se rompió
e hizo trizas y cada astilla corta los bordes
de mi boca. Así te doy la bienvenida, buena
muerte, tu nombre, mi última palabra
de sangre, tu anonimato un cumplimiento.

 .


Nota del T.: Del afrikáans (ese idioma que fueron formando los colonos holandeses a partir de olvidos, contaminaciones, préstamos, desde que llegaron a Sudáfrica hace tres siglos) al inglés, y del inglés al castellano. De un idioma a otro, de un traductor a otro; tres poemas distintos y un original que se desdibuja al mismo tiempo permanece intacto: pérdidas y ganancias, ¿cómo pesarlas? ¿Cómo no darse cuenta de que las literaturas, las lenguas, el habla, cambian gracias a estos trastocamientos, errores y desplazamientos acertados? Cada idioma tiene sus propios recuerdos, su propio oído y una manera particular de olvidar, de hacer que la sangre de la memoria, de la boca, se mezcle a la voz que habla ante el espejo roto que nos devuelve una imagen de nosotros mismos hecha a partir de fragmentos que no coinciden entre sí, que brilla cada una a su manera.




Versión de Tom Maver



ºººººººººººººººººººººº


Welcome, stranger oblivion. Do not be
afraid to expand your black void round me,
magnification of the darkness behind
my eyes. Life which I held up like a mirror
to record an inverted truth,
precise in proportion
to the size of the frame, has cracked,
shattered, shards cutting the corners
of my mouth. Thus I bid you welcome, good
death, your name, my last bloody
word, your anonymity a fulfillment.



© Translation: 2007, Johann de Lange
From: The Wisdom of Water: Selected Poems
Publisher: Human & Rousseau, Cape Town, 2007



ºººººººººººººººººººººº



Welkom, vreemdeling vergetelheid. Skroom
nie om jou donker vakuum om my uit
te brei, vergroting van die duister agter
my ooglede. Die lewe wat ek soos 'n spieël
gevat het om 'n omgekeerde waarheid
op te teken, noukeurig in verhouding
tot die grootte van die raam, het gekraak,
uiteengespat in skerwe wat my mondhoeke
skeur. So heet ek jou welkom, goeie
dood, jou naam my laaste bloederige
woord, jou anonimiteit 'n vervulling.

© 1973, Wilma Stockenström
From: Spieël van water
Publisher: Human & Rousseau, Cape Town, 1973


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